José Mourinho tuvo razones para quejarse del juego del Real Madrid frente al Málaga en el primer tiempo, pero no para basurear a sus jugadores. Su discurso vende muy bien en la calle. Es una figura tan vieja como el fútbol. Cada época ha tenido su Míster Látigo, Sargento de Hierro y demás apodos destinados a entrenadores que utilizan los medios de comunicación para hacerse los fuertes y derivar responsabilidades hacia otros.
Sus palabras resultaron inclementes para unos jugadores que se distinguen por su profesionalidad. Si a Mourinho le corresponden los elogios por lograr ese compromiso máximo de sus futbolistas, también debería corresponderle algún reproche si ese rigor no se cumple. Lo mismo ocurre con el juego. Cuando el Madrid funciona bien, y eso ocurre a menudo, el mérito es de Mourinho. Cuando la cosa va mal, la culpa es del empedrado o de los jugadores, jamás de su entrenador. Mourinho nunca pierde.
La autocrítica no figura entre sus cualidades. El diseño del equipo inicial fue suyo. Tomó decisiones y no funcionaron. A veces ocurren estas cosas, incluso a Mourinho. Lo último que merecían los jugadores del Madrid era la andanada pública de su entrenador, de un hombre que ha obtenido de sus futbolistas la lealtad que no les devolvió ante los periodistas.
viernes 6 de enero de 2012
Mourinho y las lealtades
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1 comentarios:
Esto no es nuevo, date una vuelta por Internet y verás los ejemplos que ha dado este señor en los paises que ha estado.
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