Una exaltada noche de Copa confirmó la naturaleza de este torneo: impredecible, emocionante, eléctrico. El Madrid salió del coma en la segunda parte y levantó un partido que se le puso muy feo, en buena medida por sus errores. Se estrelló en los saques de esquina -marcaron pronto Sergio Sánchez y Di Michelis- y apenas produjo alguna oportunidad. Pero en el banco tenía dinamita. El encuentro giró radicalmente con el ingreso de Özil, Khedira y el prodigioso Benzema.
El delantero francés se encargó personalmente de triturar a toda la defensa del Málaga, bien armada durante el primer tiempo. O poco exigida. Ni Mathijsen, ni Di Michelis, sufrieron frente a los delanteros del Madrid. En ningún momento quedó expuesta su lentitud y rigidez. Vieron el partido de frente y ahí funcionaron perfectamente. Fue un Madrid sin claridad frente a un rival sereno, cómodo, sin tensiones.
Sorprendió la falta inicial de recursos del Madrid. Había resuelto los dos últimos enfrentamientos con el Málaga con tanta autoridad -11 goles- que resultó difícil de explicar su pesadez, la ausencia de criterio y hasta de agresividad, que en última instancia es la bandera de este equipo. También sorprendió su permisiva conducta en los saques de esquina. Cada córner fue un drama para Casillas.
Cabeceó Sergio Sánchez en el primer gol y cabeceó Di Michelis en el segundo, en medio del estupor de los madridistas. Fueron tantos limpios, sin ninguna oposición, de los que se supone que no concede el Madrid. Los desajustes en esas jugadas se parecieron a los problemas que no se resolvieron hasta la segunda parte.
El Málaga pasó de puntillas por el primer tiempo. No despertó a la bestia y se llevó dos importantes goles de ventaja al vestuario. Hizo bien las cosas pequeñas: la defensa se comportó con firmeza, el equipo dejó pocos espacios y los centrocampistas movieron la pelota con cierta pulcritud, aunque sin grandes excesos.
Ninguno estuvo a la altura de Isco, que jugó con descaro y clase. Desestabilizó al Madrid desde la media punta, con su facilidad para regatear y pasar. Es un jugador muy creativo, uno de los que conviene seguir atentamente porque representa lo esencial del fútbol español. Es cierto que dio algunas señales de fatiga en el segundo tiempo, pero su cambio por Duda resultó nefasto para el Málaga.
Cazorla le acompañó a ráfagas. No funcionó con la continuidad que requería el juego, aunque dejó algunos detalles magníficos. Van Nistelrooy tampoco sacó ventaja de algunos desequilibrios defensivos en el Madrid, donde Pepe volvió a mostrar su vena intempestiva. El gigante holandés dispuso de una oportunidad, un tiro que rechazó Casillas con los pies. Fuera de eso, se le notaron los años. El público le ovacionó con cariño en el momento del cambio. El Bernabéu no olvida a algunos de sus viejos ídolos.
Un remate lejano de Cristiano Ronaldo fue la única oportunidad del Madrid en el primer tiempo, demasiado poco para un equipo que acostumbra a avasallar a los adversarios. Xabi Alonso no encontró el ritmo de pase, Lass se enredó en el medio campo y Kaká dejó al público tan frío como la noche. Callejón alborotó y poco más. El equipo necesitaba revitalizarse.
Mourinho dio señales de su fastidio con los cambios. Tras el descanso ingresaron Benzema, Özil y Khedira. Desaparecieron Arbeloa, Callejón y Kaká. El principal damnificado fue el mediapunta brasileño. Para eso es estrella. La decisión tenía miga, porque cualquier contratiempo -una lesión inesperada, una inoportuna expulsión…- podía dejar al Madrid en una situación más que grave. Pero los nuevos funcionaron. Todos mejoraron a los sustituidos.
El partido se fue cargando de la electricidad que necesitaba el Real Madrid. Las llegadas se volvieron más frecuentes, como los remates y la sensación de que el gol era inminente. Comenzaron a verse las costuras de los centrales del Málaga, que tenían que acudir a tapar en los costados o a medir su escasa velocidad con los supersónicos delanteros del Madrid. El giro era evidente.
Después de un par de avisos, el Madrid anotó su primer gol. Lo marcó Khedira, cosa rara porque el alemán no se prodiga en esta faceta. Lo hizo a su manera, con una poderosa arrancada que no fue interrumpida por los blandos defensas del Málaga. La definición fue muy buena, un tiro duro y cruzado que no logró rechazar Willy Caballero.
El gol multiplicó la efervescente actitud del Madrid y conmocionó al Málaga. A Sergio Sánchez, desde luego. Entregó el segundo tanto a Higuaín con una ingenuidad pasmosa. El delantero se adelantó al portero, le regateó y colocó la pelota en la red. Y no era fácil. Pero el error de Sergio Sánchez fue clamoroso, especialmente porque sucedió un minuto después del primer tanto del Madrid.
A esas alturas, el Madrid tenía algo de tsunami. El encuentro tenía ese aire indescriptible de la Copa, con el público entregado a la causa después de su desafecto en el primer tiempo. Buena parte del cambio se debió a la exhibición de Benzema. Bordó su actuación con el tercer gol, el que dio la ventaja definitiva al Madrid. Sin embargo, ese gol, por importante que sea en la eliminatoria, no dice ni la mitad de lo que significó Benzema en el encuentro. Fue el rey de la noche.
miércoles 4 de enero de 2012
Benzema, al rescate
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