jueves 24 de enero de 2008

Stan Bowles y los felices años del QPR

La irresistible conexión que mantienen el fútbol y Londres, con todo lo que significa la capital británica en cuestiones financieras, ha movilizado a algunos de los hombres más ricos del planeta. El billonario ruso Roman Abramovich preside el Chelsea. Su compatriota Alisher Usmánov se ha convertido en el segundo mayor accionista del Arsenal. Mohamed Al Fayed, dueño de los almacenes Harrods, es el propietario del Fulham. Daniel Levy, multimillonario a través de su participación en la sociedad inversora ENIC, es el director ejecutivo del Tottenham. El banquero islandés Bjorgolfur Gudmundsson se ha hecho con el control del West Ham. Está claro que la vigorosa posición económica de Londres en los últimos años ha contribuido a la aparición de nuevo dinero en los viejos clubes. No es necesario figurar en la Premiership para despertar el interés de los magnates.

El Queens Park Rangers disputa el equivalente a la Segunda División y tiene nombres muy conocidos entre sus nuevos propietarios: Flavio Briatore, patrón de la escudería Renault, Bernie Ecclestone, máximo dirigente de la Fórmula 1, y Lakhsmi Mittal, quinto hombre más rico del mundo y dueño del gigante siderúrgico indio que lleva su apellido.

Mientras la propiedad de la mayoría de los grandes clubes ingleses ha pasado a manos extranjeras ûel gobierno de los Emiratos Arabes Unidos pretende comprar el Liverpool a sus actuales propietarios estadounidenses, y el magnate norteamericano Glazer controla el Manchester United-, el caso del QPR es interesante porque su valor se relaciona más con lo estratégico que con lo deportivo, al menos por ahora.

Un equipo y un campo de fútbol en Londres significan una garantía de probable prosperidad. Después de años de decepciones, los hinchas de los hoops (así son conocidos los seguidores del equipo del barrio de Sheperd's Bush) sueñan con un rápido retorno a la Premiership, quizá para revivir otros tiempos más felices, aunque siempre fugaces.

El Queen's Park Rangers nunca perteneció a la aristocracia del fútbol inglés. En Londres se le tiene por un club modesto, con un mínimo palmarés: ganó la Copa de la Liga en 1967, cuando jugaba en la Tercera División. Sin embargo, durante los diez siguientes años, el QPR conoció su edad de oro particular. No ganó ningún título, pero terminó por instalarse en la Primera División y ofrecer un fútbol atractivo, con varios jugadores extravagantes, algunos de los cuales figuran entre los más adorados en Inglaterra. Dos de ellos marcaron esa etapa: el rubio Rodney Marsh y el genial Stan Bowles. Nunca llegaron a jugar juntos. Cuando, en 1972, Marsh fue traspasado al Manchester City por la escandalosa cifra de 200.000 libras, le sucedió Stan Bowles, todo un personaje, uno de los más jaleados en el apartado de juguetes rotos que pueblan la historia del fútbol inglés.

Marsh y Bowles pertenecen a la raza de George Best, por creatividad y mala vida. Cada uno de ellos representó el lado turbio que tantas veces se asocia con el fútbol inglés: fama, dinero, alcohol, derroche y drama. Marsh era alto, guapo y rubio. Tenía pinta de delantero inglés, pero sus pies decían otra cosa. Habilidoso y arrogante, marcó decenas de goles y alcanzó la selección inglesa. En abril de 1972, participó en el desastre de Inglaterra frente a Alemania en Wembley. El fútbol terminó por interesarle menos que la buena vida y se trasladó a Estados Unidos, donde jugó en los Tampa Bay Rowdies.

Con toda su fama de juerguista, Marsh no le habría durado un asalto a Stan Bowles, ni como futbolista, ni como calavera. Posiblemente, Bowles fue el mejor futbolista inglés de los años setenta. Solía proclamar que sólo Best le superaba. Y no lo decía convencido. Llegó tarde al fútbol de primera fila. Fichó por el QPR con 23 años. Ni tan siquiera conocía el club. 'Vengo del norte de Inglaterra, nunca he oído hablar de ese equipo'. En aquella época, el centrocampista Gerry Francis acudía frecuentemente a la selección inglesa.

El delantero irlandés Givens también jugaba en su selección. Pero Bowles puso la guinda con su juego descarado, inventivo, impredecible, donde se mezclaba un físico perfecto y una facilidad para lo extraordinario con el balón. A ese QPR llegó Don Sexton como entrenador en 1974, después de una magnífica trayectoria en el Chelsea. Durante tres años, el equipo vivió una fiebre que le convirtió brevemente en una potencia. En 1976 fue segundo en la Liga, a un punto del Liverpool. El QPR se ganó una cierta fama romántica.

Sexton estaba fascinado con el Ajax y el Borussia Moenchenglabach, los dos modelos más exquisitos del fútbol europeo. Los trasladó a su equipo y el QPR despegó. El fenomenal Bowles sorprendía con sus pases y sus goles, pero se destruía en las calles. 'No hay pase que no pueda hacer, ni garito de apuestas del que pueda pasar', solía comentar. Ludópata recalcitrante, bebedor, la estrella de Bowles duró poco. No podía ser de otra manera. Terminó arruinado. Su brillante y fugaz pasó por el QPR marcó una época en un equipo que se distinguió por su estilo desinhibido. Ahora sus aficionados sueñan con la vuelta de aquellos días.

3 comentarios:

Señor Troy dijo...

Comparto al igual que usted (o puede que esté equivocado) su gusto por los futbolistas imprevisibles que tienen en la anarquía y la brillantez esporádica su razón de juego.Desgraciadamente para nosotros, su falta de interés por progresar hace que el mundo no pueda ver estos destellos geniales a no ser que se esfuerze muchísimo, como yo en buscarlos.

Posiblemente usted sabrá de quién hablo, pero le animo a que recuerde (si quiere mencionarlo ya de paso a mi me satisfará mucho) a Matt Le Tissier, para mí posiblemente el mejor talento puro inglés de los 90-superior a Gascoigne diría yo- realizador de unas acciones técnicas espectaculares.Y a Mágico González,simplemente un ídolo para mí, más que por su futbol(genial) por su manera bohemia de afrontar la vida (Qué le voy a hacer)

P.D: Me encanta su sección "si esto es jueves" del medio que usted ya sabe.Es impresionante

J. Urrutia dijo...

Excelente post, Santi.

Me ha encantado conocer la historia de estos dos balas perdidas que ayudaron a agrandar la leyenda del QPR.

Enhorabuena, un saludo y aupa Athletic!

Roberto Parrottino dijo...

Hola Santiago. Te saluda desde Buenos Aires Roberto Parrottino. He oído de tu trabajo gracias a algunos comentarios de Juan Pablo Varsky, uno de los mejores periodistas deportivos argentinos, que ahora escribe en el blog Los Especialistas del diario La Nación.

Es la primera vez que leo un artículo entero de tu autoría. Amoldado e interesante. Con eso me alcanzó. Me gustó mucho. No sabía nada de éste jugador. Si sabía la movida que se está gestando en el QPR, ya que el club de Londres vino a buscar al volante argentino Sebastián Rusculleda. Pero, al final, se cayó el pase. Bueno, sin más, saludos. Y prometo un regreso.