jueves, 4 de octubre de 2007

El equipo biodegradable



El buen nivel de la Liga española se aprecia en equipos tan malos como el Lazio, que desaprovechó una ocasión histórica. Difícilmente encontrará tantas concesiones del Madrid, cuyo juego recuerda a los productos de limpieza. Es biodegradable. Si no se ha evaporado, está a punto. Schuster no puede mantener la coartada de los buenos resultados. No hay defensa posible para el empate en Roma, donde todos los defectos del Madrid se multiplicaron exponencialmente. Sobrevivió por la impagable contribución de Raúl y la categoría Van Nistelrooy en el área, donde le sale el alma de cirujano.

El empate resulta casi anecdótico frente al tamaño de la crisis. El Madrid ha entrado en la melancolía. Nada le distingue. Se dirige como una bala a una mediocridad impropia de este equipo. Lo sabe la gente, lo saben los jugadores y debería saberlo Schuster. No puede engañarse a sí mismo y entrar en un victimismo injustificado. Cada vez está más cerca de pelearse con el mundo, como si la realidad le resultara ajena. Ha hecho causa de las rotaciones, pero las rotaciones no han hecho causa con él. El juego ha decaído hasta extremos insospechados.

La alineación manifestó la querencia del técnico por dejar la firma en cada encuentro. Esta vez armó una defensa inédita, con Heinze de central. Sergio Ramos regresó al lateral derecho y Marcelo apareció en la izquierda. Los experimentos, con gaseosa. Los equipos se sostienen cuando los jugadores se conocen. Ninguna línea es más sensible a este principio que la defensa. Excepto Cannavaro, ajeno al trasiego de jugadores, los demás están atacados por la incertidumbre. Nadie está seguro de su destino porque no hay un mensaje claro.

Schuster parece empeñado en alargar la pretemporada, que no sirvió para perfilar la alineación. Ni tan siquiera aprovechó los dos primeros encuentros, donde se generó un optimismo traicionado después. En Roma, el Madrid descendió un peldaño más, o dos, porque el Lazio no le ofreció otro problema que el entusiasmo. Se trata de un equipo menor, integrado por una colección de honrados y muy discretos futbolistas. Nada le hace superior al Valladolid, Almería y Getafe, equipos con más clase y mejores jugadores.

Antes de que el Madrid ejerciera de aliado del Lazio, Van Nistelrooy marcó el típico tanto que suele sentenciar esta clase de partidos. El Madrid no había hecho nada decente, pero el delantero holandés empujó la pelota a la red. Al Lazio no le cabía el miedo en el cuerpo. Sus limitaciones no afloraron porque se encontró a un destruido Madrid. La inclusión de Heinze como central limitó gravemente el manejo del juego. Si hay dos centrales peleados con la pelota, esos son Cannavaro y Heinze. Están para otra cosa. A partir de ahí, el efecto dominó: banalidad en el manejo del juego, extravagantes errores en el pase, parálisis general, falta de vigor y defectos contagiosos.

El virus afectó a casi todo el mundo. Por lo visto, Guti también lo ha incubado, con todo el peligro para un equipo que depende de la claridad de su centrocampista más creativo. Del único creativo. Guti no creó ninguna jugada y cometió errores insospechados en el pase. Le atropellaron los centrocampistas del Lazio, y no de manera figurada. En el segundo gol italiano, Mudingayi le arrebató la pelota y generó la jugada que convirtió Pandev.

El Lazio comprendió que había partido. Se lo aclaró el Madrid, que no dio dos pases en el primer tiempo. Pandev perdonó una ocasión, pero no falló en la segunda. Remató con potencia un pase de Stendaro. Un pase de cabeza, nada menos. La jugada fue tan sencilla que el equipo italiano decidió tirar del hilo. Pelotazo y prolongación. Sorprendentemente funcionó. El Madrid no encontró la manera de desactivar aquella simpleza. Tampoco arbitró soluciones para sus problemas ofensivos. Robben se estrelló literalmente contra Behrami, que aterrorizó al extremo. Robben no se tiene ninguna fe.

Por simplón que pareciera, el Lazio creyó en algo. El Madrid, no. Estuvo desfigurado todo el encuentro. Se aprovechó de los dos únicos jugadores con convicción: Raúl y Van Nistelrooy. Cuando el partido se dirigía a ninguna parte, Raúl interceptó la pelota en el medio campo y corrió un pase primoroso que encontró el perfecto final en Van Nistelrooy. Con mucha serenidad, se dirigió hacia Ballotta y le levantó el balón. Un gran gol que tampoco sirvió para la victoria. El Madrid se condenó en el error de Guti en el tanto del empate, un error lógico en un equipo erosionado, sin perfiles. Un equipo biodegradable.

2 - Lazio: Ballotta; Behrami (Scaloni, m.66), Stendardo, Cribari, Zauri; Mudingayi, Ledesma, Mutarelli; Mauri (Del Nero, m.77); Pandev, Rocchi (Makinwa, m.66).

2 - Real Madrid: Casillas; Sergio Ramos, Cannavaro, Heinze, Marcelo; Diarra, Guti; Sneijder (Drenthe, m. 88), Raúl (Saviola, m.83), Robben (Higuaín, m.77); Van Nistelrooy.

Goles: 0-1. Min.8: Van Nistelrooy, tras saque de falta; 1-1. Min.32: Pandev; 1-2. Min,61: Van Nistelrooy tras pase de Raúl; 2-2. Min.75: Pandev, de raso disparo desde el borde del área.