viernes, 24 de agosto de 2007

Duro, pero sin excesos



Vuelve la Liga de Campeones con su largo trayecto hasta la final de Moscú . De nuevo hay cuatro equipos españoles en disposición de pelear por el título. El Madrid y el Barça han ganado tres de las últimas ocho ediciones. Son favoritos por naturaleza, como el Milan, el Bayern o el Manchester. Les avala la historia. El Valencia ha jugado dos finales y su presencia se ha convertido en un clásico de la competición. A la espera de su partido con el AEK de Atenas, el Sevilla tiene madera de aspirante. Lo acreditan sus dos títulos sucesivos en la Copa de la UEFA. Equipo competitivo donde los haya ahora mismo, el Sevilla agrega una deuda con Antonio Puerta, el compañero muerto. Las tragedias pueden funcionar de dos maneras en el deporte: deprimen o inyectan una necesidad desesperada de victorias.

El Madrid tiene enfrente dos equipos de pasado prestigioso. El Werder Bremen y Lazio pertenecen a dos Ligas que imponen. Referirse al fútbol alemán y al italiano es hablar de asuntos serios. Sin embargo, ni al Lazio ni al Werder les ha correspondido un papel protagonista en la Copa de Europa. Han atravesado pequeñas épocas doradas, sin reflejo en la competición más prestigiosa del fútbol. El Lazio vive una época de reconstrucción tras su declive económico. Pasaron los tiempos en los que competía con el Milan, Inter y Juventus por los futbolistas más celebres del mundo, en medio de un derroche obsceno. Se acabó el Lazio que gastaba fortunas por Verón o Mendieta. Ahora es un equipo con una economía de guerra, más conocido por los incidentes que provocan sus hinchas que por la excelencia de los resultados. Rocchi, Pandev, Tare, Manfredini, Baronio, Di Nero, Ledesmaànombres que dicen poco en el panorama internacional. La ausencia de estrellas no hace menos peligroso al Lazio. Los equipos italianos juegan parecido con estrellas o sin ellas. Saben a lo qué juegan. Y lo hacen con convicción.

El Werder tiene más empaque sobre el papel. Frings es un buen medio centro, el brasileño Diego ofrece garantías como creador, Borowski tiene clase y altura. Aunque no le faltan buenos jugadores, el equipo alemán ha decaído después de la marcha de Klose al Bayern y de la eliminación frente al Espanyol en la pasada Copa de la UEFA. Ha ganado un partido en la Bundesliga, donde el Bayern vuelve a arrasar. El Olympiacos de Pireo ha perdido a Rivaldo y el mexicano Nery Castillo, sus dos jugadores más conocidos. Al equipo griego, donde juegan los ex madridistas Raúl Bravo y Julio César, le sostiene más el frenético ambiente del estadio Karaiskakis que la calidad de sus futbolistas.

Al Barça le espera algo parecido, o un poco peor, que al Madrid. Otro equipo alemán, el Stuttgart, y un reciente animador de la Copa de Europa: el Lyon. Los franceses han perdido gas. En los dos últimos años han traspasado a Diarra, Essien, Malouda, Tiago y Abidal. Demasiado para no resentirse. Quedan Juninho Pernambucano, el tapón Toulalan (ex del Nantes) y el prometedor delantero Benzema. El Stuttgart ganó la Liga inesperadamente. Equipo luchador, con gente experta como el portugués Meira y el centrocampista Hitzlsperger. La nueva estrella es Mario Gómez, el potente delantero de origen español. El Glasgow Rangers es un grande del fútbol británico que paga en Europa su pertenencia a la pequeña Liga escocesa. Sus intentos por ingresar en la Premier inglesa no han fructificado, con el déficit competitivo y de ingresos que eso supone. Por lo demás, juego largo y choque.

El Chelsea aparece de nuevo en el horizonte del Valencia. Sigue donde solía, en cabeza de la Liga inglesa, con todos sus clásicos: Cech, Terry, Lampard y Drogba a la cabeza. Jugar con el Chelsea es visitar al dentista. Lo mismo se pensará del Valencia en Londres. El equipo español también se medirá con el tercer alemán: el Schalke 04, orgullo de la cuenca minera del Ruhr. El largo Kuranyi y el potente Asamoah suelen dar problemas en la delantera. El Rosenborg noruego se ha convertido en un habitual de la Copa de Europa. Alguna vez ha dado sorpresas. Lo que no sorprenderá es el frío glacial en el estadio Lerkendal, donde el Rosenborg se hace fuerte con sus pelotazos.

El Sevilla, si pasa la eliminatoria, jugará frente al prestigioso Arsenal, que cumple su décima temporada consecutiva en la Liga de Campeones. Atraviesa un periodo de transición, pero su juego es muy atractivo. Cesc es el bandera de un equipo donde Ebué, Touré, Van Persie, Hleb y Gallas han dado la talla repetidamente en Europa. Su portero, no. Lehmann concede cada vez más goles. El Slavia de Praga, que se ha impuesto al Ajax en la previa, y el Steaua, con Gica Hagi como técnico, parecen asequibles para el Sevilla.